Según el psicólogo Eduardo Grecco el bipolar puede tener un talento que no ha logrado desarrollar.

¿Podría alguien que ha intentado suicidarse o que ha salido desnudo a la calle en medio de un delirio asumir que esas desdichas emocionales tienen como base un talento que no ha desarrollado?

Esa es la conclusión del psicólogo clínico argentino Eduardo H. Grecco después de años de realizar terapias, estudios y de padecer él mismo un trastorno bipolar, es decir, la enfermedad mental en la que los pacientes cambian de estados de ánimo hasta los extremos de la depresión total o de la euforia desmedida en cuestión de días, meses o en épocas del año, según el caso.

La medicina les ha explicado a los bipolares, antes llamados maniaco-depresivos, que su enfermedad tiene una base genética y es producto de un desbalance químico en el cerebro que les produce cambios extremos en sus estados de ánimo y que el remedio consiste en estar en equilibrio. Para hacerle frente, ofrece, fundamentalmente, una combinación de medicamentos con psicoterapia y un estilo de vida organizado, con dieta sana y ejercicio.

La mayoría de estos pacientes tienen problemas para establecer relaciones, para tener vínculos sólidos y duraderos, no consiguen trabajos estables, inician proyectos que nunca terminan, muchos se suicidan y tiene episodios sicóticos, y sienten emociones muy fuertes que los llevan a una melancolía profunda o a momentos en los que la mente va muy rápido, se sienten felices, los dioses del mundo y tiene delirios de grandeza.

Cifras establecidas en Estados Unidos estiman que cerca del 2 por ciento de la población padece la enfermedad y que cada vez se diagnostica más porque se tiene una mejor definición y se conoce a fondo.

Grecco afirma que, por lo general, el bipolar tiene un don que no ha logrado desarrollar y por eso se enferma. Al sacarlo a la luz, lo más probable es que su vida mejore. Como lo escribe en sus libros La bipolaridad como don y Despertar el don bipolar (novedades en Colombia): “Al indagar sobre la bipolaridad se puede descubrir que la oscilación emocional va acompañada de una serie de talentos que, al no ser desarrollados como tales, se convierten en afección”.

Algunos de estos talentos son la capacidad creativa, pensamiento lateral a la hora de resolver problemas, imaginación activa, intuición, empatía para las relaciones humanas, manejo de matices emocionales, pensamiento en imágenes, curiosidad por explorar y aprenderlo todo, mirada holística de la vida, son personas de recursos ante las situaciones y adversidades de la vida y con capacidad para asociar mentalmente cosas y conceptos aparentemente irreconciliables.

Grecco sostiene que la clínica ha demostrado que muchos pacientes que han pasado por varias crisis de manía o de depresión han encontrado una nueva vida al sacar a flote su talento.

Por otra parte, sostiene que la bipolaridad es una manera de ser y que la solución no consiste en pedirle a la persona que no oscile, pues esto es casi como pretender que deje de ser ella misma. La solución, para evitar los extremos, consiste en aprender a navegar por los diferentes estados de ánimo sin las exageraciones y sin angustias, porque, precisamente, su oscilación puede ser una gran virtud.

¿Cómo lograr esto? El paciente debe encontrar su eje interior. El autor explica que el bipolar no tiene un eje que le permita, por así decirlo, orientarse en sus emociones y que, por lo tanto, necesita un apoyo para ir de un lugar a otro con tranquilidad.

“No podemos dejar de oscilar más que con la muerte. La única estabilidad es la del sepulcro. No oscilar es tan patológico como oscilar desproporcionadamente. El punto que planteo es ayudar a las personas a oscilar proporcionadamente. El equilibrio y la conexión le permiten al paciente dedicar sus energías a otros territorios como el amor, la creatividad”, afirma Grecco.

Este eje se encuentra después de un proceso para el cual, según el autor, existen tres caminos: los vínculos, los rituales y el movimiento. Los vínculos sanos son una terapia, por lo que se debe ayudar al paciente bipolar a cerrar relaciones dolorosas o conflictivas y a estar abierto a nuevas opciones. Los rituales, como festejos para tomar las medicinas o en la terapia misma, le permiten a la persona reducir sus índices de ansiedad, depresión e inestabilidad. Como movimientos terapéuticos el autor propone el baile, el deporte y el tai chi chuan.

El comienzo

Los bipolares suelen tener una historia de vida parecida, sin que por ello se nieguen las singularidades. Según explica Grecco, que no desconoce el componente genético, “los traumas que están en la base de la bipolaridad se remontan a momentos tan iniciales de la vida que están ausentes la razón y la conciencia, y se relacionan con una experiencia esencial en el vínculo con la madre: el contacto. La falta de contacto real y pleno del bebé con la madre, junto a otros factores, establece en el niño una herida emocional: temor a la pérdida. Y la bipolaridad radica, en el interior, justamente en modos de negar la pérdida: manía o depresión. En la manía se huye hacia el futuro y en la depresión se es prisionero del pasado. El bipolar no puede estar presente en el presente”.

De hecho, Grecco fue diagnosticado bipolar luego de una pérdida que, en sus palabras, “disparó una profunda tristeza, un desconsuelo abismal que me desgarró”. Esto se sumó a una forma de vida y a la crisis de los treinta y pico, que, según él, es un momento propicio para que lo latente salga a la luz.

La bipolaridad, sostiene, es solo un problema de salud, “como lo es una gripe o un resfrío. No es una condena, ni una condición irreversible, ni un destino irrevocable, ni una atrofia de la personalidad. Cuando desdramatizamos el padecer bipolar, podemos comenzar a verlo como lo que realmente es”.

Por: CATALINA GALLO R.
Tomado de la Revista Carrusel- EL tiempo.com.co


Imprimir artículo

Otros artículos