La Organización Mundial de la Salud define la violencia como un grave problema de salud pública. Una de las formas de violencia con incidencia creciente en nuestras sociedades es la denominada “violencia de género”. En los últimos años, se han venido desarrollando diversas leyes e intervenciones para atajar este importante fenómeno. Las intervenciones dirigidas a las víctimas y los mensajes de prevención dirigidos a mujeres en general han sido bien acogidos socialmente. En alguno países se ha planteado también la necesidad de desarrollar programas de reeducación para los agresores. Sin embargo, este tipo de intervención siempre está rodeada de polémica. Desde tu punto de vista, razona sobre cuál podría ser la efectividad de este tipo de intervención y cuáles son las razones para que cuente o no con aceptación social.
Desde que en 1996 la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconociera la violencia contra las mujeres como un problema de salud pública, instando a los estados miembros a evaluar la dimensión de ésta, no han dejado de realizarse esfuerzos en todos los países del mundo para ponerla de manifiesto1. Se trata de un fenómeno complejo, cuya primera dificultad radica en el establecimiento de criterios universales para establecer su propia definición.
La violencia de género incluye cualquier proceso de violencia que por razones de sexo tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada2. La violencia del compañero íntimo contra la mujer (VCI) es uno de los actos comprendidos en la categoría de violencia de género, y se define como la violencia física, sexual y psicológica que se produce de forma habitual en el ámbito de la familia, llevada a cabo por parte del que es o fue su compañero sentimental. Este tipo es una de las formas de violencia menos “visibles” por desarrollarse en el ámbito de la familia, es decir, en la privacidad3. El impacto de esta lacra social en la salud de las víctimas puede llegar a representar la pérdida de hasta una quinta parte de sus años de vida
Hablar de “violencia de género” implica subrayar que es una violencia derivada de la construcción social y cultural de la masculinidad y la feminidad.
Actualmente existen leyes y programas de reeducación dirigidos a personas agresoras para la lucha contra la violencia de género, por ejemplo, con medidas y reformas legislativas. Sin embargo, sabemos que el cambio de leyes “es una parte, pero no es lo que resuelve los problemas” porque “hay que cambiar muchas cosas más. Como complemento de la reeducación, sea dentro del centro penitenciario como fuera de el,  debe  acompañarse de un tratamiento intenso e integral  fundamentado en la realidad  del agresor y que tenga como fin la transformación de su visión de vida y del mundo.
En la mayoría de países en donde se desarrollan esta clase de intervenciones vemos que los resultados no son los esperados, son paliativos, ya que generalmente los agresores reinciden y cada vez aumentan las incidencias de casos por esta causa.
Las razones pueden ser muchas, entre las que podríamos mencionar: son proyectos que están diseñados para trabajarse durante el tiempo de permanencia del agresor en el penitenciario; en algunos países existen programas para seguirlo realizando terminando la pena etc. La  gran mayoría de estos programas incluyen a la  víctima (pareja) y a los hijos, por que como sabemos las consecuencias psicológicas son factores que pueden marcar positiva o negativamente a los seres humanos.
La efectividad de estos programas no ha sido tan eficaz en razón a que son programas diseñados para el momento, no son continuos y el seguimiento y la evaluación no es el mas apropiado, simplemente son programas desarrollados mediante actividades cortas, metodologías seminarios taller o charlas etc. Pienso que una de las claves principales para erradicar la violencia está en la educación, ya que puede modificar actitudes e ir creando modelos alternativos en los que no se tolere la violencia. Porque como lo lo han mencionado algunos,… lo más difícil es  desaprender conductas.

La no violencia parte de un interés por lo más cercano, por las acciones cotidianas, por nuestra actitud en el trabajo, en la familia, con los amigos, con la pareja, con el vecino… Aquí nos sirve el lema de la ecología: «pensar global, actuar local». Otro punto clave de la noviolencia es la perseverancia, pues debe ser una forma de vida y no una serie de actos esporádicos. Partiendo de estas dos características de toda acción noviolenta, el eje principal que define la teoría de la noviolencia y también la ética del cuidado es la fuerza del amor. El amor ha sido condenado al ostracismo por casi todas las disciplinas científicas, incluso por aquellas que se hacen llamar Ciencias Humanas y Sociales. Sólo desde determinados ámbitos de la psicología, la ética y poco más existe una somera aproximación. Es un reto de los seres humanos reconstruir este valor, aprenderlo y cultivarlo. en el otro, en el que veo la esencia del ser humano, la humanidad. Amo en él la vida, el valor de ser humano, de ser mi igual y formar parte de una unidad. Este tipo de amor también debe darse con la naturaleza, con el sol, las estrellas. Es el amor por lo que existe, por aquello que nos ha dado la vida y por aquello por lo que vale la pena morir .Este concepto amplio de amor incluye el amor por la naturaleza, por otros y por nosotros mismos. Este amor debe empezar por uno mismo. Uno tiene que quererse a si mismo para así poder amar mejor a los demás.
Al igual que la violencia crea un círculo vicioso, el amor crea un círculo vir-tuoso que revierte en más amor. Por eso podemos considerar el amor como un método de construir una Cultura para la Paz. La no violencia dice que podemos romper con la espiral de la violencia apostando por la fuerza del amor. Este amor también está muy conectado con la necesidad de reconocimiento que todos los seres humanos necesitamos. Si a un niño pequeño le mostramos amor y reconocimiento (le cuidamos) crece con un autoconcepto sano y se siente seguro de sí mismo, capaz de plantear alternativas y soluciones a la vida. Es muy importante la autoestima y tener un buen autoconcepto para poder plantear alternativas a los conflictos. Esta autoestima sólo puede desarrollarse a través del amor. Cuando amamos a alguien, con ese amor que recibe aprende a amarse también a sí mismo y eso facilitaráque ame mejor a los demás, por eso hablamos del círculo virtuoso del amor.
Esta idea del amor como reconocimiento también nos lleva a la idea de que la capacidad del noviolento está en encontrar la parte buena del otro y tratar de potenciarla. Está claro que no somos unos ángeles ni tampoco unos demo-nios, hasta la persona más brusca y cruel tiene aspectos positivos. La tarea más importante del noviolento es encontrar esos aspectos y saber potenciarlos, valorarlos. Se avanza más potenciando los valores buenos que criticando los aspectos negativos.

El cuidado de los demás ha sido un rol atribuido históricamente a las muje-res, un rol que muchas veces ha servido para tenerla sometida al ámbito privado de la crianza de los hijos, del cuidado de enfermos y ancianos. Diferentes investigaciones, entre las que destacan las realizadas por Carol Gilligan y Sara Ruddick, han demostrado que el rol del cuidar implica el desarrollo de determinadas aptitudes muy afines a la paz: la paciencia, la ternura, la responsabilidad, la empatía, la perseverancia, la prudencia y la tolerancia, entre otras son componentes del cuidar. Aún más, desde el cuidar aprendemos también indicadores de transformación pacífica de conflictos: tener en cuenta todos los puntos de vista, todas las voces y dedicar el tiempo necesario en nuestras decisiones morales, buscando formas de que nadie salga dañado y en las que lo prioritario sea la satisfacción de necesidades.La propuesta será pues desgenerizar el cuidar como rol exclusivo de las mujeres para transformarlo en un valor humano. Compartir la crianza de los hijos con los hombres no es sólo necesario para conseguir la igualdad sino también es un componente de nuestro objetivo por construir una cultura de paz. Es necesario romper con la responsabilidad tradicionalmente acuñada a los hombres como destructores de las vidas humanas oficialmente etiquetadas como enemigos (el estereotipo del buen soldado), un rol obsoleto y que sólo ha contribuido al desarrollo de una cultura de la violencia . La mujer no es más pacífica por naturaleza, hombres y mujeres nacemos con las mismas capacida-des, ahora bien el rol que la sociedad nos atribuye y en el que nos socializamos hace desarrollar en nosotros distintas habilidades. Propuestas actuales como la escuela coeducativa o compartir la crianza de los hijos son algunos de los cami-nos que podemos emprender en este objetivo de conseguir unos roles de género más justos y pacíficos. El cuidado de los demás es un excelente aprendizaje de transformación pacífica de conflictos, de enriquecimiento moral y afectivo. Vale la pena compartirlo.
Creo en el conocimiento como un producto social, elaborado por individuos y cuyo resultado se da en la confianza, cooperación, intercambio y comunicación entre los diversos grupos y actores de la sociedad, donde prime la acción participativa  del colectivo, que al articularlo con los desarrollos tecnológicos enfocados en la comunicación, probablemente contribuirán a tomar  conciencia del deber del auto-cuidado aportando a la mejora de condiciones y calidad de vida.


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