La respuesta sencilla y conocida es porque matamos las ansias –el famoso “mono”- comiendo. Pero ¿acaso no podríamos en vez de comer sentarnos a leer un buen libro, tocar un instrumento musical si supiéramos, aprender un oficio, ver una buena película? En fin, mil pasatiempos otros que no significan calorías, y por lo tanto kilos. Intentemos averiguar por qué comemos, y preferentemente grasas y carbohidratos.

Antes de hablar de estas investigaciones conviene plantear unas observaciones muy interesantes que pueden ayudar a comprender mejor los hábitos y tendencias en los fumadores con respecto a su nutrición.

Como decía, investigaciones hay muchas. El Journal of Nutrition publicó que “hombres chinos de mediana edad y mayores así como mujeres de Singapur que fuman muestran estilos de vida y dietas poco saludables en comparación con los no fumadores”.

Por otra parte, un meta análisis (análisis de varios estudios clínicos) llevado a cabo en el instituto Pasteur en Francia comprobó que “fumar está asociado a patrones poco saludables de alimentación”, editado en Journal of Nutrition. La conclusión a la que llegaron con el análisis de estos estudios en 15 diferentes países, con más de 47.000 no fumadores y 36.000 fumadores fue que, después de ver sus hábitos alimenticios, los dos grupos eran substancialmente diferentes. Ya se imaginarán qué grupo consumía más energía, grasas saturadas, colesterol, alcohol, etcétera.

Comprobado científicamente, los fumadores muestran peores hábitos alimenticios, con mucha diferencia en comparación con los no fumadores.

¿Por qué se engorda si se deja de fumar? Según los investigadores del Monell Chemical Senses Center, Philadelphia, Pennsylvania, USA es porque se ha observado en fumadores de distintas nacionalidades, y por lo tanto culturas, que sus dietas son altas en grasas y carbohidratos. Sin importar la variedad de alimentos y hábitos dietéticos que puedan existir en sus países.

Y para averiguar el por qué las dietas así como los antojos de los fumadores son altos en grasas, azúcares, energía, etcétera, quizá nos ayuden diferentes ensayos clínicos. Por ejemplo, los investigadores del servicio de farmacología del hospital universitario Pitié-Salpêtrière de Francia ofrecieron altas cantidades de glucosa (azúcar) a un grupo de fumadores y éstos calmaron sus ansias de forma significativa en comparación con los que no recibieron tratamiento o un placebo como el aspartame –sustituto del azúcar que no es un carbohidrato.

La explicación científica es la siguiente: la glucosa facilita la entrada de triptófano al cerebro. El triptófano es el precursor de la serotonina. La clave aquí es el TRIPTÓFANO y la SEROTONINA. Asumamos que el triptófano y la serotonina son BUENOS para el cerebro, lo “nutren y tranquilizan” y los que intentan dejar el cigarro tienen disminuidos estos niveles.

Resumido: ingerimos azúcar, se facilita la entrada de triptófano al cerebro, se produce serotonina, el cerebro se “nutre y tranquiliza”.

A partir de ahí, el personal de este hospital Francés observó cómo las ansias tras dejar de fumar eran reducidas con la ingestión de glucosa. Midieron los niveles de triptófano en sangre y eran bajos (porque éste estaba “actuando” en el cerebro a través de la serotonina). “Efecto de la glucosa sobre las ansias por cigarro. ¿Están mediadas por triptófano y serotonina?” Psychopharmacology.

Conclusión: los fumadores prefieren comer alimentos altos en carbohidratos y grasas para aliviar los síntomas de la disminución o ausencia de nicotina cuando no se está fumando o se deja de fumar. Esto quizá se deba a disminuciones en el funcionamiento serotoninérgico y dopaminérgico. Consumir dietas pobres en proteína pero ricas en carbohidratos y/o grasa eleva el nivel de serotonina, que como ya explicamos arriba “nutre y tranquiliza al cerebro”. Este aumento provoca sentimientos de gratificación y placer. Según el Proceedings of the National Academy of Science.

Por Carlos Gutiérrez

Publicado el 17 May, 2010
por en Salud. Etiquetas: .

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