Muchas mujeres en edad reproductiva  pueden sufrir de Síndrome Premenstrual (SPM), y en casos más severos, Síndrome Disfórico  Premenstrual (SDP). Ambos suceden durante la ovulación y generalmente los síntomas se resuelven al final de la regla. Sin embargo, un diagnóstico superficial sería un grave error que crearía un círculo vicioso.

Hipócrates describió esta condición por primera vez, y la llamó “histeria”, nombre que en la actualidad se refiere a otro tipo de padecimientos. Decía que era por falta de relaciones sexuales. En la Edad Media, los comportamientos “histéricos” eran castigados con la hoguera.

Gracias a Charcot, en el siglo XIX se inició el estudio de la histeria como algo no relacionado con el ciclo menstrual y Freud determinó una etiología psíquica al respecto. En 1953 se incluyó en la nómina médica al SPM como una entidad  individual.

Y aunque no se conoce aún con precisión las causas del mismo, poco tiene que ver con enfermedades mentales. Está relacionado con alteraciones por la interacción entre las hormonas sexuales y los químicos del cerebro llamados neurotransmisores.

Los síntomas son variables en intensidad y número, los principales son: inflamación y sensibilidad en los senos, retención de líquidos, inflamación abdominal, fatiga o dificultad para dormir, cansancio, irritabilidad o depresión, cambios de humor, disminución del apetito sexual, trastornos digestivos y dolor de cabeza.

Se le denomina SDP cuando los síntomas ya mencionados son más severos, especialmente los de tipo emocional, que afectan  la calidad de vida de la mujer. Entonces se recomienda acudir al especialista. Quien después de un diagnostico con pruebas de laboratorio y un examen físico, deberá diseñar una terapia individualizada de acuerdo a las necesidades de la paciente.

Diagnosticar ambos no es simple, ya que algunas otras condiciones de salud pueden disfrazar los síntomas, como cuando estos se presentan en otro momento del ciclo.

Llevar un diario sencillo  para conocer las fluctuaciones de esos cambios físicos  y emocionales a lo largo del mes, permitirá al médico llegar al diagnóstico, y a la paciente la ayudará a comprender mejor su cuerpo. Ya que si el diagnóstico no es certero algunos medicamentos serían contraproducentes, como las pastillas anticonceptivas o los antidepresivos.

Actualmente no existe una “cura”, pero hábitos sanos de vida, ejercicio moderado y una alimentación balanceada son opciones que pueden aligerar la carga. Y sobre todo la comprensión de quienes las rodean, será siempre una luz al final de ese camino que hay que recorrer cada 28 días.

Por Reyna Arenas

Publicado el 23 February, 2010
por en Salud.

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