Tenemos miedo de enfermedades como el SIDA/VIH, cómo no. Sin embargo hay enfermedades mucho más silenciosas y mortíferas. Una de ellas, quizá la más devastadora, es el cáncer.

Se esperan 84 millones de muertes entre el 2005 y 2015, lo que, para hacernos una idea, supone casi dos veces los habitantes de España. En cambio, el SIDA/VIH ha acabado con la vida de unos 25 millones en casi treinta años. Si hiciéramos una analogía con el SIDA, en treinta años el cáncer se llevaría unos 250 millones de individuos frente a los 25 de la inmunodeficiencia, diez veces más.

Y es que pocas enfermedades son tan viejas o más que el ser humano. Antes de que el hombre fuera hombre, el cáncer ya invadía los organismos. El tumor más antiguo encontrado en un organismo animal data de hace más de 300 millones antes de cristo. ¿Cuánto tiempo tiene pisando el ser humano la tierra, unos 50 – 100 mil años? Hagan cuentas.

Siempre se nos encienden las alarmas cuando oímos que un conocido tiene cáncer. Sabemos que se puede estar jugando la vida. Todos, los que ya tenemos cierta edad al menos, sabemos de algún que otro caso mortal. “Estaba bien, le dio cáncer y en menos de seis meses se consumió del todo”.

El siglo XX ha sido fundamental en la lucha contra el cáncer. El descubrir que las radiaciones podían hacer mella en el mismo fue el inicio de novedosas terapias. Saber diferenciar tumores benignos de malignos, clasificaciones, la influencia no sólo de la alimentación sino también del pensamiento positivo, todo esto ha influído de una manera decisiva para poder plantarle cara a la enfermedad, me atrevería a decir, más devastadora en la historia de la humanidad.

Actualmente contamos con numerosos protocolos de tratamiento contra los distintos tipos de cáncer. Entre ellos la quimioterapia –farmacoterapia-, radioterapia, terapia endocrina, terapia biológica.

Sin embargo, aún queda mucho camino por andar. Los cánceres más agresivos, como podrían ser un linfosarcoma, osteosarcoma, etcétera, aún causan verdaderos estragos entre la población.

Es interesante ver cómo la calidad de vida de un paciente puede verse seriamente afectada cuando un cáncer serio lo ataca. Pérdida de peso, disminución de la masa muscular. Y no se diga cuando comienza con terapias agresivas. Todos las asociamos a la caída del pelo, vómitos, inapetencia, etcétera.

Sin embargo y a pesar de todo esto, la calidad de vida de los pacientes ha aumentado. Existen estudios muy serios para ver cómo la calidad de vida del paciente con cáncer se ve afectada. Hay un cambio y pérdida de calidad de vida radical. Sin embargo, este nivel es muy superior que hace unos cuantos años o décadas.

Creo que, en el fondo, es lo que hay que celebrar. Aunque son muchas las muertes por cáncer, son menos que antes, y la calidad de vida del paciente oncológico se ha elevado considerablemente.

Por Carlos Gutiérrez

Publicado el 4 February, 2010
por en Salud.

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