Se supone que la Navidad es un periodo de tiempo en el que todo debe ser jolgorio y alegría. Da igual para dónde se mire, una especie de espíritu de extrema felicidad lo invade todo. Las calles se adornan con luces de colores. Los villancicos suenan a cualquier hora. Un aguzado sentido de la sociabilidad obliga a quedar con amigos, familia, conocidos, compañeros de trabajo, del gimnasio, de la partida de mus… Da igual el grado de confianza o de profundidad de la relación, el caso es celebrar por todo lo alto. Pero no todo el mundo se siente feliz y contento en estas fechas.

Existen personas a quienes la Navidad no sólo no les gusta, sino que les entristece. El profesor de Psicología de la Universidad San Pablo CEU, Gabriel Dávalos, explica que tanto para unos como para otros, la razón se encuentra “en su relación con el ambiente y en la historia personal de cada individuo”. El primer caso, el de aquellas personas que se alegran con la llegada de la Navidad, es quizás el más común. Aunque no es raro encontrarse con gente a quien este periodo de tiempo les hace deprimirse. La explicación de esto, normalmente, se encuentra en su propia trayectoria personal.

Un caso común que contribuye a esa tristeza es la pérdida de un familiar en estas fechas o, incluso, en otras no tan festivas. En un tiempo en el que la familia tiende a reunirse, siempre se echa en falta a quienes no están. Éste es un ejemplo, pero hay muchas más razones para que la gente se entristezca en Navidad. Una mala experiencia, un problema grave, un accidente… A veces, la asociación es inconsciente. Y esto produce un fuerte contraste para estas personas, que, mientras ven como todo lo que les rodea es alegría, en su interior no encuentran más que desánimo. Para superarlo, el consejo de Dávalos es intentar buscar, sin forzar, algo que les anime de todo lo que está pasando alrededor. Y, si es necesario, recurrir a la ayuda de los expertos.

Tristeza y alegría son los estados de ánimo más comunes, pero, según explica el profesor Dávalos, no son los únicos aplicables tanto a la Navidad o como a otros periodos festivos del año. Existen, al menos, otros dos grupos de personas dependiendo de su forma de reaccionar ante esta celebración. Por un lado, quienes se muestran indiferentes. Aquellos para quienes el 25 de diciembre es un día más del año. Y por otro, quienes se enfrentan a la Navidad con ira por considerar que se trata no de un periodo festivo, religioso o familiar, sino de una época en la que el consumismo desenfrenado lo invade todo. Ellos tampoco disfrutan de la Navidad y eso les produce cierto desasosiego en su interior.

La recomendación de Gabriel Dávalos para todos aquellos que sufren con la llegada de la Navidad está clara: “Sin meterse dentro de la fiesta al 100%, que intenten conectar con los aspectos exteriores” en busca de algo que contribuya a levantar su ánimo. Y para explicarlo expone un ejemplo muy sencillo basado en el pensamiento positivo. Cuando al pasear por una calle les llegue el olor a castañas asadas (tan típicas de estas fechas) que, en lugar de pensar que con el humo se está contaminando, se disfrute de ese olor tan agradable y del sabor de unas castañas asadas. Quizá sea una forma de empezar a disfrutar de la alegría de la Navidad y superar los malos recuerdos asociados a ella.

Publicado el 30 December, 2009
por en Divulgación, Salud.

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