Compartimos con todos ustedes algunas pautas de crianza que ayudarán a nuestros hijos a ser cada día mejores.

Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter, no solo el conocimiento, como muchos pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia…, eso será lo que buscarán quienes seleccionan personal. Para los trabajadores independientes será un auto requisito.

Un hijo forjará el carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad, los niños y jóvenes podrán resolver los problemas asertivamente. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y obrarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.

¿Exceso de autoridad? ‘Siempre será mejor el exceso de autoridad’. El límite lo pone la siguiente regla: ‘No se debe humillar’. Lo que es el niño o el joven hoy será el adulto del mañana en cuanto hay que mirar al hijo como un adulto potencial.

¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos evitarles todo sufrimiento. Deben comprender la muerte, los problemas de la vida, las dificultades económicas en casa, los problemas en el trato con sus semejantes. No debemos resolverles todas las dificultades, no debemos darles gusto cuando no hay cómo, hay que ayudarlos a que ellos las resuelvan. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento. Evitándoles el sufrimiento hacemos un daño irreparable. Darles todo los incapacita para luchar por lo que de verdad vale la pena.

Hay que enseñarles a hacer esfuerzos adicionales. Que sepan que siempre se puede un poquito más. Nadie recoge su cosecha sin sembrar muchas semillitas y abonar mucha tierra.

Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a ‘sentir la falta de’. Hay jóvenes que no juegan su deporte favorito si no tienen tenis de ‘marca’, hay jóvenes que se resisten aceptar una invitación si no van con vestido nuevo; hay gente joven que no se moviliza a otro lugar si no es en carro o si papá y mamá no los llevan; aunque tengamos para darles 100%, ellos deben saber el valor de las cosas. Si no lo hacen de pequeños, les será muy difícil de adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros con ellos. ¿Cómo les enseñamos a carecer? Dándoles un poquito menos de lo que necesitan.  Así aprenden a apreciar lo que tienen y a no ser ingratos. Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos hacer de comer? Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos!   Es no sólo por su bien alimenticio, sino que es excelente que aprendan a carecer. ‘Mami…no me gustan las lentejas’. Si quieren hacerles un bien para la vida, denles lentejas, no lo cambien por la hamburguesa o la pizza que anhelan. Habrá berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar o agredir), que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA!…Las lentejas de la nevera calentadas!

También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender la cama, ordenar los cuartos, lavar los platos, arreglar la mesa , etc. Hay que educarlos para que realicen las labores de hogar, aunque lo hagan mal al principio. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer y hacer, para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.

Las mesadas deben ser una cantidad fija, mas bien, semanales y algo menos de lo que creen que necesitan. Así aprenden a administrar inteligentemente el dinero.

El respeto por el adulto jamás debe transgredirse. A un padre no se le debe exigir lo que materialmente no puede ofrecer, no se le debe descalificar, menospreciar, burlar ni mucho menos gritar. Un padre jamás debe permitir la subvaloración por parte de su hijo.

Formemos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos.

Que se superen así mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener dinero o propiedades. Triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con lo que tienen y con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.

Los hijos con carácter templado, con algunas carencias, educados en el servicio, plenos de amor, con respeto a la autoridad e ilusiones, serán hijos triunfadores.

Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen nuestro país,  donde reinen la libertad, la abundancia, la justicia y la felicidad.

Por Luis Baba Nakao

Publicado el 29 November, 2009
por en Divulgación.

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