La falta de un desarrollo normal en niños entre uno y tres años en la interacción con otros, la falta o retraso en la comunicación, la falta de empatía y lenguaje simbólico deben alertar sobre la posibilidad de un Trastorno de Espectro Autista (TEA), cuyo incremento en las sociedades occidentales se ha puesto de manifiesto en varios estudios.

Bases biológicas y ambientales

El reciente incremento de la prevalencia de estos trastornos podría deberse a causas no sólo biológicas, sino también ambientales (diferentes tóxicos ambientales podrían ser los responsables de la creciente incidencia de la enfermedad en las sociedades occidentales).La investigación llevada a cabo por el doctor Celso Arango, vicesecretario de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y director científico del Centro de investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) y la doctora Mara Parellada, miembro de la SEPB e investigadora del CIBERSAM, centra su atención en las bases biológicas de esta enfermedad. Los estudios de la doctora Parellada con financiación del Instituto de Salud Carlos III y la Fundación Alicia Koplowitz evalúan cambios oxidativos en los cerebros con personas con autismo mediante técnicas de neuroimagen y bioquímicas, así como el efecto beneficioso de compuestos antioxidantes en esta población.

Investigaciones que arrojan luz

Las investigaciones que llevan a cabo el CIBER de Salud Mental y Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) en la Unidad de Adolescentes del Departamento de Psiquiatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid están encaminadas al estudio de mecanismos fisiopatológicos intermedios que sustentan algunos de los síntomas del autismo. Así, la alteración en el metabolismo oxidativo o las alteraciones en el desarrollo cerebral (fundamentalmente en la disposición de la sustancia blanca) son objeto de algunas investigaciones. El estudio de mecanismo patológicos intermedios en estas patologías se encaminar a la búsqueda de nuevas dianas terapéuticas para afrontar estos trastornos y, en ese sentido, se están realizando ensayos con tratamientos como los ácidos grasos omega 3 para intentar paliar los efectos de un posible disbalance oxidativo crónico que parece ocurrir en estos trastornos. También se intenta confirmar si productos derivados de sustancias de la dieta, como el gluten o la caseína, pueden producir alteraciones en algún subgrupo de pacientes con autismo, justificando así algunas dietas que sin evidencia científica se han suministrado y suministran a muchos pacientes con estas patologías.

Acortando las “limitaciones”

Las dificultades asociadas al autismo hacen que las personas que lo padecen tengan importantes limitaciones y dificultades a nivel médico, social, familiar y educativo, precisando en muchas ocasiones la adaptación de las distintas instituciones a sus características especiales. En este sentido, la implicación de padres y hermanos, así como la creación de centros especializados que mejoren sus condiciones socio-asistenciales es vital para la mejora de la calidad de vida de estos pacientes. También son importantes centros hospitalarios donde estas personas reciban un tratamiento médico integral. En este sentido, desde el día 1 de abril de 2009 está en marcha el Programa AMI-TEA (Atención Médica Integral para pacientes con trastornos del espectro autista) en el Departamento de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. El objetivo principal es proveer de atención psiquiátrica y atención médica especializada a pacientes TEA de todas las edades de toda la Comunidad de Madrid y facilitarles el acceso a los servicios sanitarios públicos.

El Programa se integra dentro de las actividades de la Unidad de Adolescentes del Departamento de Psiquiatría del Hospital. Unidad que destaca, además de por su calidad asistencial, por un importante componente docente e investigador. Mara Parellada es la coordinadora.

Publicado el 5 October, 2009
por en Salud.

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