La depresión, y no otras enfermedades que la gente percibe como más comunes, como las cardiovasculares y el cáncer, es la principal razón por la cual mujeres de todo el planeta faltan a su trabajo.

La Organización Mundial de la Salud afirma que se sufrirán enormes impactos sociales y económicos con el aumento en los pacientes de depresión.

Aun así, los países en vía de desarrollo (que presentan índices de depresión mucho mayores) dedican pocos esfuerzos y recursos a prevenirla y a tratarla. Los servicios de salud mental de la mayoría de ellos, de hecho, son débiles y las políticas y acciones, literalmente inexistentes.

“Se estima que uno de cada cuatro colombianos se han deprimido, están deprimidos o se deprimirán, pero sólo el 20 por ciento son diagnosticados con este trastorno, que puede ser incapacitante y que en el peor de los casos puede desembocar en suicidio”, explica Rodrigo Córdoba, miembro de la Asociación Colombiana de Psiquiatría.

Los deprimidos son presa de una tristeza profunda y de un sentimiento de desesperanza de la que no perciben salida. Es un mal vergonzante, que impide a los afectados manifestar claramente lo que les pasa (por temor a ser mal vistos) y a la gente alrededor aceptar que se trata de un problema de salud mayor.

La mayoría de los deprimidos ni siquiera son oídos por los propios médicos, para los cuales es normal que quienes consultan manifiesten desánimo o tristeza: “El problema es que la sociedad y la medicina han corrido tanto la cerca en esta materia, que incluso grados severos de depresión pasan desapercibidos para ellos”, asegura la psiquiatra Olga Albornoz.

Un deprimido desatendido tiene costos personales; uno de los principales es la imposibilidad de disfrutar lo cotidiano (la familia, los pasatiempos, los amigos) y se vuelven menos productivos: “Visualizan el mundo más lento, se aíslan, sufren cambios en los patrones de sueño y apetito y viven irritables. El 15 por ciento de ellos tiene ideaciones suicidas y algunos acaban quitándose la vida”, dice Córdoba.

No basta con ir al médico

Para ser justos hay que decir que no es fácil para los médicos generales (que son la puerta de entrada al sistema de salud) diagnosticar a estos pacientes.

A esa conclusión llegaron investigadores del Hospital General de Leicester (Inglaterra), que hicieron un metaanálisis de más de 50.000 pacientes de 10 países, y cuyos resultados publicó ‘The Lancet’ en su edición de julio pasado.

A veces diagnostican depresión a quien no la tiene y otras simplemente no identifican el trastorno. Lo cierto es que estos profesionales sólo diagnostican la mitad de los casos y apenas el 15 por ciento recibe tratamiento, “en Colombia el problema no para ahí; en materia de tratamientos y medicamentos para problemas de salud mental, el POS se cuenta entre los más arcaicos que existen”, sostiene Córdoba.

Javier Pérez, presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, asegura que el sistema de salud, como está concebido en Colombia, impide que estas personas sean abordadas de manera integral: “Las consultas son demasiado cortas para llegar al diagnóstico de un problema de salud mental. Si a eso se le suma la falta de preparación adecuada de los médicos generales en este tema, resulta lógico que el 80 por ciento de los deprimidos no accedan a tratamiento”, dice.

Ante la magnitud de este problema creciente la OMS llama la atención de los gobiernos: “En 20 años -dice Shekhar Saxena, del Departamento de Salud Mental de la OMS- la depresión será, entre todos los trastornos de salud, la mayor responsable de pérdida de años de vida saludables en el planeta”.

Publicado el 14 September, 2009
por en Salud.

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