Muchas personas no están satisfechas e incluso viven a disgusto con alguna parte de su cuerpo. La idea de que existe una figura ideal ha sido aceptada por la mayoría. Sin embargo, a lo largo de la historia los conceptos de belleza física y estética han evolucionado bajo parámetros tan disímiles que no es fácil comprender por qué en la actualidad ser considerado bello puede tener una relación directa con la felicidad.

Demasiada publicidad y mercantilismo están detrás de esto. Todos lo sabemos bien. Pero a veces ese pequeño rechazo hacia el propio cuerpo puede volverse una obsesión patológica que no nos permite apreciar las cualidades o disfrutar del entorno y de los buenos momentos que regala cada día.

“Somos lo que comemos” dicen por ahí. En realidad somos lo que nuestra autoestima dice sobre nosotros. Comer es una necesidad y un gusto, y sólo con una actitud positiva y buenos hábitos podremos tomar el control de lo que hacemos cuando nos llevamos algo a la boca.

Comer demasiado, comer muy poco e incluso dejar de hacerlo son actitudes que dicen mucho sobre el amor que sentimos por nosotros mismos.

Queremos recibir información sobre dietas milagrosas, compramos aparatos costosos, creemos que una pequeña píldora hará todo el trabajo. Y en casos extremos se pierde la percepción de la realidad sobre lo bello que realmente es nuestro cuerpo, como en el caso de las personas anoréxicas o bulímicas que no son capaces de apreciarse objetivamente.

Es importante comprender que si estamos fuera de forma no es por lo que comemos, sino por los motivos que nos llevan a comer de esa manera. Antes de decirnos cosas tan desagradables como “mis piernas son horribles” o “tengo un trasero enorme” debemos entender que hemos elegido considerarnos menos guapos de lo que realmente somos.

Antes de empezar cualquier dieta o programa, habrá que ser honestos con nosotros mismos y preguntarnos ¿hasta qué punto estoy realmente comprometido con este objetivo? Si no estamos realmente dispuestos a dar todo podemos sentirnos frustrados más de una vez.

Tal vez sólo estamos viviendo en “automático” y hemos hecho de esta actitud de derrota, una constante. Quizá estemos posponiendo la resolución de problemas más complicados que nada tienen que ver con la forma de nuestro cuerpo.  Comer demasiado o muy poco se convierte en un escudo para evadir el estrés, el dolor, la soledad o el desamor.

Para mejorar nuestros hábitos alimenticios debemos empezar por un autoconocimiento más profundo. La solución no está fuera sino dentro de nosotros. Debemos definir los detonantes que nos llevan a perder el control de lo que comemos. Analizar  situaciones, personas, motivos o pensamientos que nos alejan de nuestro verdadero yo. Comer, dejar de hacerlo y volver a comer pueden convertirse en un círculo vicioso, y en el menos afortunado de los casos en una forma de vida.

Bien dicho es que La belleza está en los ojos de quien la mira. No olvidemos lo felices que están Shreck y Fiona. Hay que amarnos tal cual somos ya que la “perfección física” sólo con photo-shop.  Y ¡Que viva la vida!

Publicado el 6 September, 2009
por en Salud.

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