Al aumentar la calidad de vida, la igualdad de género y las políticas por familia, las mujeres deciden tener más hijos y recuperar las antiguas familias numerosas.

Una familia con dos hijos, como la de los Príncipes de Asturias, es un fenómeno casi en extinción en España. En este país, la tasa de fecundidad es de 1,33 hijos por mujer, una de las más bajas de Europa y bastante lejana a lo que ocurría en 1975, cuando las mujeres tenían en promedio 2,79 hijos.

España no es un caso aislado entre los países desarrollados. En la mayoría de estos, las mujeres en edad fértil tienen mucho menos de los 2,1 hijos que se requieren para que la población de un país alcance a reponerse y no disminuya. El desarrollo profesional y el alto costo de criar niños serían los culpables.

Sin embargo, aseguran investigadores de las universidades de Pensilvania (Estados Unidos) y Bocconi (Italia) en la revista Nature, el miedo a que la población nacional se extinga sería totalmente injustificado en las naciones industrializadas.

En la medida en que el país supera cierto umbral de desarrollo económico y bienestar -uno bastante alto, asegura el estudio-, la tendencia a la baja fecundidad se revertiría. Así, la cigüeña podría volver en gloria y majestad a países como Holanda o Alemania.

Los científicos analizaron la fecundidad de 24 países en relación con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de su población.

El IDH considera el nivel económico, la esperanza de vida y el nivel de ingresos de los habitantes de un país. Este se mide en el rango de 0 a 1, donde 1 es el máximo.

Entre 78 países, Australia tiene el IDH más alto, 0,966, y Nigeria el más bajo, con 0,304. Los investigadores aseguran que cuando el IDH es menor a 0,86, las mujeres de países industrializados empiezan a tener menos hijos. Pero, por el contrario, cuando el índice de desarrollo supera ese límite, la tasa de fecundidad sube.

Estados Unidos revirtió su tendencia a la baja fecundidad en 1976, cuando su índice de desarrollo llegó a 0,881. En Noruega ocurrió en 1983, con un índice de 0,892, y en Italia en 1994, cuando su índice llegó a 0,898.

Este efecto se debería al nivel de vida alcanzado, el que facilitaría a las mujeres la opción de tener hijos. Por ejemplo, tienen la posibilidad de dejar su trabajo para criar niños y retomarlo sin problemas cuando entran al colegio.

Rodrigo Cerda, experto en economía de la población, de la Universidad Católica de Chile, explica que cuando el país empieza a desarrollarse, el costo y el tiempo que se deben invertir en criar hijos suben y pesan más al momento de considerar la opción. Esto hace disminuir la natalidad. Pero a medida que los países se hacen más ricos, el costo de tener un hijo pierde importancia, porque las personas tienen mayores ingresos. Así, la fecundidad aumenta.

Pero no sólo de dinero se trata. Para que la barrera de bienestar supere el 0,86, los gobiernos tienen que contribuir también.

Para revertir la baja de su población, deberían “implementar políticas que mejoren la igualdad de género, la compatibilidad entre la vida familiar y el éxito económico, incluyendo la participación en la fuerza laboral”.

Según el estudio, para facilitar niveles de fecundidad relativamente altos, “es necesario mejorar la flexibilidad laboral, la seguridad social, el bienestar individual, la igualdad económica y las políticas sociales y familiares”. Así lo ha hecho Francia y sus tasas de natalidad subieron sustancialmente.

Las francesas tienen hoy dos hijos de media, una tasa que no se había visto desde el año 1974 y que supera con creces la de España, en la cola de Europa, con 1,3 hijos por mujer.

Publicado el 16 August, 2009
por en Divulgación.

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