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Como ejemplo, les copiamos un artículo sobre Mutis, bien conocido en Colombia

Mutis y el ‘efecto Mateo’

 

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

El efecto Mateo, tan literalmente cristiano y evangélico como poco compasivo, se fundamenta en la frase: “Porque al que tiene, se le dará y tendrá de más; pero al que no tiene, incluso lo poco que tiene se le quitará”. Puede aplicarse a muchas situaciones, desde los sistemas económicos a los ecológicos, y por supuesto al trato y crédito que concedemos a las personas. Por ejemplo, con justicia, nos hacemos eco por doquier de los aniversarios de Darwin y su obra. Se le da y le sobra. En cambio, otros naturalistas muy insignes, aunque algo menos, apenas son recordados. Poco tienen y se les quita. En cierta medida, es el caso del gaditano José Celestino Mutis. ¿Por qué digo en cierta medida? No está olvidado del todo: su imagen figuró en los billetes de 2.000 pesetas; en Colombia, es muy conocido y hoy mismo he recordado que en 2008 quise dedicarle una columna (y luego lo olvidé) mientras corría por el modesto parque Celestino Mutis de Sevilla.

La historia de Mutis es compleja y apasionante. Médico y cirujano con conocimientos de astronomía y botánica, viajó a América como galeno del virrey y con una secreta aspiración: utilizar sus influencias para dedicarse al estudio de la historia natural del Nuevo Mundo, y singularmente de las quinas, tan importantes en farmacología. Llevó al otro lado del Atlántico las ideas de Copérnico y Newton, lo que le valió ser perseguido por la Inquisición (en vista de eso, se hizo sacerdote). También se dedicó a los negocios (fue dueño de minas) y más de 20 años después de plantearlo fue nombrado responsable de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada.

Su fama como botánico trascendió fronteras. Linnaeus, por ejemplo, pensando que Mutis iba a regresar a Europa, le escribió desde Suecia palabras conmovedoras: “Ojalá en esta vida me fuera dado verte personalmente siquiera una vez, ahora cuando tornas como del paraíso. Ciertamente, si volvieras, por causa tuya me atrevería a emprender un viaje a España, a pesar de que me lo impiden la vejez y la muerte, que no puede tardar”. Humboldt y Bonpland organizaron su itinerario equinoccial para poder visitar al botánico, y Bonpland alivió sus fiebres con la quina, “la planta de Mutis”. Humboldt le dedicó su Geografía de las Plantas, refiriéndose en la introducción a “los profundos conocimientos del ilustre Mutis (…) ¡Cuántas luces necesarias nos daría este Linnaeus del Nuevo Mundo!”.

José Celestino Mutis murió de apoplejía un 11 de septiembre en Santafé de Bogotá sin terminar su obra ni llegar a ver publicados la mayor parte de sus escritos. Se cumplieron 200 años en 2008, pero se me olvidó hablar de él.

Publicado el 19 February, 2009
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