Varias cosas resultan curiosas al extranjero que visita en Colombia, en relación con el tema del mercado sexual (no hablo del mercado de la prostitución; hablo del mercado como del lugar de exposición e intercambio, en el sentido que habla el libro “Las 20 cuestiones científicas más importantes; una de ellas es “¿Por qué nos enamoramos?” Y cuando uno se enamora, “sale del mercado sexual”, al menos temporalmente, mientras dura la ilusión):

Las mujeres se esfuerzan en resultar atractivas; no tanto por su cara (las hay más o menos guapas y más o menos poco agraciadas, como en todas partes), sino por sus vestimenta: refuerzan (y muestran) hasta la exageración sus curvas, sus piernas, sus pechos, sus caderas…

Uno diría que la caza del macho es una actividad vital, constante, continua, para el sexo femenino.

Luego uno oye que la promiscuidad sexual es muy importante, y abarca todos los segmentos de edad, no sólo entre los jóvenes y “sin compromiso”.

Tal vez este hecho obligue aun más a resaltar los atractivos…

Y que el porcentaje de hijos del padre supuesto es más elevado de lo que uno apostaría…

Al mismo tiempo, se oculta, se hacen burlas, se afirma que no existe… la homosexualidad, el lesbianismo… Es imposible ver una pareja de hombres cogidos de la mano… y si se besaran en público ¡podria haber “balasera” por parte de algún macho ofendido!

Da pena pensar en cuánto sufrimiento estarán soportando el porcentaje de no-heterosexuales que SEGURO que existe en la sociedad colombiana, en la misma cuota alícuota en la que existe en cualquier sociedad (incluso en las sociedades árabes, la China, etc., que ejecutan y matan a los “homos” o niegan incluso por ley su existencia)…

Me acuerdo de una película MEXICANA  de hace pocos años que trataba el problema del sufrimiento de un homosexual que la sociedad obliga a no salir del armario (¿cómo se llamaba?) y otra CUBANA (¿cómo se llamaba?)… ambas de sociedades igual (¿o más? no creo) de machistas que la colombiana.

Lo bueno: es cosa de esperar. 10 años ¿ 20? Y los colombianos tendrán que aceptar la realidad, como han hecho otros países.

La iglesia católica no favorece este progreso social (es progreso aceptar la libertad de los otros, no tratar de imponer -por la fuerza- nuestras convicciones a otros), mientras al mismo tiempo la iglesia es tan hipócrita como siempre (sacerdotes con “sobrinos” por doquiera que uno vaya en Colombia; curas con “ama de llaves” que tiene llaves para todo lo relacionado con el cura, etc.).

En fin, lo siento por los colombianos homosexuales y las colombianas lesbianas. ¡Resistencia callada, y paciencia!


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