De nuestro curso sobre Feminismo/s extraemos comentarios sobre estos temas:

1 Dilemas éticos sobre la reproducción humana
2 La dignidad y el reconocimiento de los derechos humanos
3 Mujer y participación política

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1) Dilemas éticos sobre la reproducción humana

La reproducción humana ha sido desde siempre un tema llevado a la polémica. Las diferentes religiones y sociedades dan como válidos algunos métodos reproductivos mientras que otros son tachados como inmorales o fuera de la ética.

Beatriz Souto Galván aborda el tema de las “gestación por sustitución”, refiriéndose con este término a aquellos casos en los que una mujer se presta a vivir un embarazo y después dar el bebe que ha parido a una pareja que ejercerán el papel de padres de la criatura, esta operación suele tratarse de una transacción económica, la pareja, ansiosa por ser padres, paga a una mujer para que tenga el hijo que ellos no pueden tener. Esta operación suscita una gran polémica social y jurídicamente.

Dos son los casos más frecuentes de gestación por sustitución. Se puede dar el caso, en el que se haga un implante en el útero de una mujer, o es posible, que la madre portadora aporte su óvulo, el cual sería fecundado por le semen del hombre de la pareja.

Además del tema religioso, la mayoría de las religiones rechazan esta práctica, a nivel legislativo tampoco es aceptada. En el caso español esta prohibida la gestación por sustitución desde el año 1988, bajo el amparo de la Ley sobre técnicas de reproducción asistidas.

Mucho se ha estudiado sobre el tema y mucha es la documentación reunida por la Comisión para finalmente llegar al rechazo de esta práctica. Entre otras razones, se prohíbe la gestación por sustitución por razones éticas, y esta sujeta a sanción penal.

Por su parte, el Instituto de la Mujer también tiene una opinión sobre la cuestión. Desde esta organización se señala que esta práctica debe utilizarse de forma limitada, solo se puede recurrir a ella cuando se tengan problemas de infertilidad. Si se optara por esta forma para solucionar la infertilidad se tendría que llegar a un acuerdo entre los padres genéticos y la madre portadora, en tal acuerdo se debe garantizar la gratuidad del servicio y el hecho de que la madre gestante tenga la posibilidad de impugnar el acuerdo.

Un tema controvertido donde los haya, la cuestión esta sujeta a multitud de opiniones, todas ellas validas y respetadas pero sólo una de ellas es la legal, la prohibición de la práctica.

La autora comparte la opinión de Peña Bernaldo de Quirós, a la que me sumo, cuando señala que la gestación y el parto son hechos importantes pero no debe olvidarse que es otra mujer de quien procede la voluntad de que el hijo venga al mundo, ¿Por qué imponer rígidamente que madre legalmente es la que pare incluso en el caso de que, después del parto, sea otra la voluntad de las personas implicadas?

En conclusión, a la hora de abordar este tema se han de plantear una serie de derechos, la libertad individual, la protección de la familia y de la infancia, la dignidad e identidad genética del hijo nacido mediante gestación de sustitución y la dignidad de la mujer gestante, el derecho a procrear, la protección de la dignidad de la mujer gestante…

2) LA DIGNIDAD Y EL RECONOCIMIENTO DE LOS DERECHOS HUMANOS
En primer lugar decir que la dignidad, es un valor muy importante reconocido en la constitución, dirigido tanto a hombres como a mujeres, la dignidad indica el valor absoluto de lo humano hablamos del “ derecho a tener derechos”, pero desgraciadamente la realidad social y el pasado que llevamos a cuestas delatan un una degradación de la dignidad.

Unamuno intenta explicar que la construcción de la escala social se ha hecho alrededor de los valores patriarcales.

La propia consideración de los Derechos Humanos es la que ha permitido históricamente, y aún hoy lo sigue posibilitando, que continúe la desigualdad de las mujeres por medio de la inferioridad de lo femenino, y con ella la discriminación y la violencia.

Es importantísimo destacar que la la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano adoptada el 26 de julio de 1789 rechazó la inclusión de las mujeres y de una igualdad que las presentara como a los hombres, por considerar a la mujer “desprovista de razón”.

Destacar que el Código de Napoleón de 1804 condenaba a las mujeres a la incapacidad legal.

Por otro lado decir que la Declaración Universal de los Derechos solo hacia referencia al hombre.

En 1950 cuando gracias a la actuación de Eleonor Roosevelt y otras delegadas se logró que la ONU transformara el término en el de Derechos Humanos.

El término cambió, pero el concepto no lo hizo tanto, de manera que los valores recogidos en la Declaración Universal, no se cumplían de manera efectiva.

Hay que destacar que nada tiene una consideración superior a la dignidad, la libertad o la igualdad, y es que las costumbres de la sociedad han reflejado ataques a la dignidad de la mujer

Más comentarios sobre el tema:

En la actualidad se encuentra muy confundido los términos jurídicos y los etimológicos en cuanto los conceptos de dignidad, Derechos Humanos, Derechos de la Persona y Derechos Fundamentales.

Además de ello se debe diferenciar la condición humana de la dignidad humana, por cuanto se puede decir que “dignidad humana” y “derechos humanos” encierran conceptos de universalidad capaces de traspasar cualquier sistema político-social.

Empero a pesar de la dificultad de definir la dignidad, y otras instituciones similares a nadie le puede ser indiferente que ella constituya la suma de las virtudes y atributos humanos.

La dignidad como atributo de toda la colectividad exige de ésta y de cada uno de sus componentes una actitud que la haga merecedora. Al hablar de derechos humanos se requiere necesariamente poseer vida, existir realmente, entonces la dignidad se hace patente.

Es asi que jurídicamente la DIGNIDAD es el fundamento de los derechos reconocidos a todos los seres humanos, cuyo conjunto se expresa en el Estado o la Nación. Esta y no otra es la razón por la que el precepto constitucional referido primero hace referencia a la DIGNIDAD y luego pasa a enumerar los derechos y garantías.

En este sentido, la DIGNIDAD es un valor, que vale, por lo que la dignidad debe ser objeto de valoración por los que valoran. No es posible reclamar la vigencia y reconocimiento de los derechos si no se tiene merecimiento para ellos. Sin vida no hay posibilidad alguna de ejercer los restantes derechos humanos. Pero no olvidemos que la dignidad es el fundamento de los derechos humanos.

La dignidad es una expresión del alma que aflora en el cuero y por ello vence todos los peligros y adversidades, permitiendo la realización de los derechos que universalmente se le ha reconocido a todo hombre por su sola condición humana; sin embargo, este hombre con tantos derechos, ha “encontrado más peligro entre los hombres que entre los animales”, como señalara Federico Nietzsche.

Muchas veces se confunde los términos, como por ejemplo al tratar de justificar en nuestro país la falta de dignidad atribuyéndonos la condición de país pobre y subdesarrollado, que hoy en día nos encontramos en una transición aceptable por el crecimiento económico y demás.

Ahora bien, los Derechos Humanos los mismos que se erigen sobre valores creados por el hombre porque responden a su propia naturaleza. Es decir, los derechos humanos son inmanentes a la naturaleza humana, o dicho de otro modo, son esenciales a su propia naturaleza. El ser humano nace con ellos, están en él, nadie se los otorga ni reconoce ni siquiera el Estado, porque derivan de la ley natural. Debemos convencernos definitivamente que no es el Estado ni la ciudad ni la familia los que han hecho al hombre. Ésta es apenas una necesidad condicional, un medio para que aquél realice mejor su finalidad completa.

Por eso es mejor que, siendo los derechos atributos inseparables de la persona humana, deben ser respetados sin reparo ni distinción alguna, por cuanto sus derechos dimanan de su naturaleza.

Ninguna razón de Estado o persona puede justificar la violación de los derechos primordiales del hombre. La validez universal de los Derechos Humanos es una cuestión práctica referida a la ratificación, por las naciones del mundo, de la Declaración Universal de 1948 y los pactos internacionales posteriores de las Naciones Unidas.

La idea central que podemos encontrar en todos los momentos históricos, será el reclamo por la vigencia de la dignidad humana. En cada época esta dignidad se realiza de acuerdo con las condiciones económicas, sociales, culturales y políticas, y sólo en el mundo moderno a través de los derechos fundamentales.

El Art. I de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dice que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

A continuación el Art. II, sostiene: “Toda persona tiene los derechos y las libertades proclamadas en esta declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión políticao de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”.

La dignidad entonces se constituye en el fundamento de los derechos humanos, queremos decir que si no tenemos dignidad no podemos reclamar el reconocimiento ni la vigencia de nuestros derechos, aunque ellos se hallen reconocidos por las instancias internacionales y nacionales.

La dignidad es un atributo de toda persona sea individual o colectiva, y la Constitución considera a la dignidad humana, como algo natural de todo hombre, y en virtud de ello es que se encarga de destacar que su finalidad es exaltar la dignidad de la persona, reconociéndola como algo propio y natural de él -no otorgado por el estado-, y limitándose a garantizarla, estableciendo para ello su carácter de inviolable. Es condición previa para el reconocimiento de los derechos humanos la dignidad.

La Constitución no es la única que reconoce la dignidad de persona, sino que en el transcurso del tiempo la creciente de concientización del significado que tiene el respeto de la dignidad en todos los seres humanos. Este fenómeno que no reconoce fronteras, se manifiesta en la redacción de diversos textos nacionales, regionales e internacionales, tratados, convenios, etc. muchos de ellos con el carácter o la aspiración al menos de universalidad. En los cuales la idea del respeto hacia la dignidad del hombre, ha tomado una fuerza arrolladora.

A pesar de que es un mal signo para los derechos, y con mayor razón para los fundamentales como los derivados de la dignidad del hombre, que necesiten ser solemnemente declarados, pues tal declaración supone que ellos son desconocidos o avasallados en la vida real y con una cierta generalidad.

La globalización de los derechos humanos trae consigo el reconocimiento de la persona como un todo y el respeto a su dignidad, como una necesidad y como consecuencia de los diversos acontecimientos del reciente siglo pasado, (dos primeras guerras mundiales, tratados de derechos humanos, etc.) una conciencia de la necesidad de su respeto y resguardo, ha venido a quedar universalmente aceptada, compeliendo a los estados a reconocer dicha dignidad natural en sus regulaciones; so peligro de tacha de autoritario al que la niegue y de reclamo por la comunidad internacional.

La dignidad de la persona humana, como valor fundamental y parte dogmática de los derechos humanos se ha ido mediatizando, es asi que los derechos derivados del reconocimiento de la dignidad del hombre, (libertad, igualdad, honor, intimidad, vida, integridad, etc.) es que si bien se encuentran reconocidos y proclamados, no son respetados en la vida del hombre con la asiduidad que desearíamos, produciéndole así un atropello continuo, y progresivo a su dignidad.

La dignidad humana tiene un reconocimiento positivo e implícitamente en los demás derechos en los planos constitucionales, por tanto una sociedad verdaderamente democrática a la que se refiere la propia Constitución debe dar prioridad a ultranza a los derechos esenciales de la persona que hacen a su dignidad.

La constitución no crea esos derechos porque la dignidad del ser humano existe con Constitución o sin ella, y aun contra ella. Solo los reconoce y protege. Es decir que Los derechos humanos son inherentes a la naturaleza humana. El hombre nace con ellos, por tanto el respeto a su dignidad de igual manera. Además que la justicia que viola la dignidad humana no es justicia.

3) Mujer y Participación Política

Después de leer los 13 fragmentos de 13 autoras diferentes sobre 13 aspectos socioculturales de la mujer en diferentes lugares del mundo puedo decir que según el lugar y el momento de la época en la que esté la mujer ha sido apoyada y empujada por la sociedad masculina a ensalzar su labor como mujer política, y de la misma forma en otros lugares ha sido discriminada a determinadas laboras dentro de su mundo.

Como ejemplo de lo anteriormente dicho podemos poner a Italia y Argelia, 2 caras de la moneda totalmente dispares.

En conclusión este número de Feminismo/s nos aporta una serie de reflexiones sobre la participación política de las mujeres. Esperamos que las mismas sirvan de elemento motivador para la construcción de un sujeto político femenino acorde con las necesidades del mundo actual. Sujeto que se construya desde la igualdad de oportunidades, el reconocimiento de los derechos humanos y la justicia social.

Más comentarios a: Mujeres, Poder y Derecho

Actualmente vemos plasmada en diferentes leyes tanto internacionales como nacionales, que nadie puede ser discriminado por razón de sexo, y por tanto, encontramos una equiparación formal entre mujeres y hombres.

No obstante, en la práctica seguimos sufriendo discriminaciones que se orientan en exclusiva hacia las mujeres por el mero hecho de serlo. Así por ejemplo, mujeres y hombres estamos formalmente equiparados en el derecho laboral, pero sin embargo las mujeres sufrimos mayores tasas de paro, más temporalidad y menos posibilidades de ascenso a los puestos de decisión. También hacia nosotras va dirigido en mucha mayor proporción el acoso sexual en el trabajo.

Como establece el artículo presente, (“Mujer y derecho”, revista nº 8), la imposibilidad de conseguir una igualdad real entre mujeres y hombres proviene de la estructura social, económica y política de naturaleza patriarcal que impera en nuestra sociedad.

Esta estructura se basa en la teoría sexo/género, que establece diferencias biológicas entre ambos sexos para otorgarles diferentes funciones. De esta forma a cada sexo se le imponen las características que son necesarias para cumplir dichos roles. Así, a los hombres se les otorga el poder público y a las mujeres se les relega al ámbito privado y doméstico, quitándoles el poder de la toma de decisiones y sometiéndolas al dominio del varón.

Muestras de cómo funciona la estructura del patriarcado, tal como establece el artículo, las tenemos desde la antigua Grecia hasta la actualidad, siendo que las mujeres que intentaban transgredir estas normas discriminatorias eran silenciadas de diferentes maneras.

El ordenamiento jurídico no está exento de haberse basado en la concepción de la teoría sexo/género y en la complementariedad de los sexos.

Por todo ello, las mujeres partimos de una discriminación sustentada en una estructura patriarcal que continúa en la actualidad y cuya manifestación más brutal es la violencia de género.

Afortunadamente, en esta legislatura se ha reconocido la violencia contra las mujeres enmarcada dentro de la discriminación por razón de sexo y se ha tipificado como un delito específico. Así pues, en la Ley Integral contra la Violencia de Género se recoge cómo esta violencia machista representa las relaciones desiguales de poder entre mujeres y hombres y subordina a las mujeres.

Tal como establece este artículo y tal como recoge esta Ley Integral, para luchar contra esta lacra social se requiere la intervención y coordinación de todas las administraciones públicas y la especialización de todos los profesionales que intervienen en el proceso de la violencia. Además se necesitan medidas que prevengan y sancionen estas conductas, que sensibilicen a la sociedad y que posibiliten que las mujeres recobren una vida autónoma.

Por tanto, aunque el marco legal reconozca la igualdad entre mujeres y hombres no debemos conformarnos, pues la estructura patriarcal continúa existiendo e impidiendo la consecución de una igualdad real en España, pero también en todo el mundo.


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