En una revista valenciana, El Temps, leemos este artículo sobre las FARC, que les traducimos. ¿Qué opinan sobre lo que se dice de la cuestión?

El título del artículo de opinión es

Marulanda en el invernadero

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Pronto hará sesenta años que se fue a la selva a hacer de guerrillero. Y continúa, impasible.

En realidad se llama Pedro Antonio Marín, pero es conocido mundialmente por Manuel Marulanda –nombre que adoptó en homenaje a un dirigente campesino asesinado– o por el pseudónimo de Tirofijo, ganado a pulso desde principios de los años 50, cuando se enfrentó a las milicias del Partido Conservador que masacraban a los habitantes de su región natal.

Según sus biógrafos, Manuel Marulanda no ha visto nunca el mar, ni ha puesto los pies en Bogotá, la capital de su país. Pero esto no le preocupa…

Donde se encuentra mejor es escondido a las montañas, rodeado de un puñado de fieles amigos y dirigiendo con mano de hierro los hilos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), una poderosa organización armada que empezó como un modesto movimiento de autodefensa campesina hasta que fue tutelado por el Partido Comunista de Colombia y se hizo adulta.

Durante muchos años, Moscú utilizó las FARC para desestabilizar los regímenes colombianos aliados de los Estados Unidos. Se trataba de que con sus actos incordiaran continuamente. Y esto lo hacían la mar de bien.

Pero en los años 80, las FARC ponen en marcha un verdadero proyecto encaminado a tomar el poder de Bogotá. Y la dinámica de confrontación toma otra dimensión.

Tras treinta años de una guerra de movimiento, basada en el modelo desarrollado por el Vietcong, se pasa a la guerra de posiciones, copiando el modelo chino de Mao. Es decir, organizando un ejercido guerrillero preparado para librar batallas al descubierto y que no se limite sólo a las emboscadas a la selva.

Esta estrategia fue defendida principalmente por una generación de dirigentes guerrilleros de origen urbano, pero Marulanda no lo veía claro. La intuición de campesino listo le aconsejaba prudencia. Dejó hacer, pero lentamente se abandonó la idea de debilitar el estado a través de una campaña de atentados y después rodear Bogotá para tomar el palacio presidencial.

Con el paso del tiempo y la ayuda de los EE.UU., el ejército colombiano se ha adaptado a la guerra de guerrillas y actualmente mantiene las FARC arrinconadas en varias zonas del país. Son lugares donde se mueven con una cierta facilidad, pero de los cuales es difícil salir.

La situación se hace eterna y parece sin salida. Manuel Marulanda, gato viejo, sabe que debe ganar tiempo y se esfuerza en impedir las deserciones que se le multiplican. Ha perdido lugartenientes emblemáticos y se desplaza muy poco para evitar riesgos.

Algunos analistas piensan que, tras los últimos tropiezos –la muerte de Raúl Reyes, etc.– la liberación de Íngrid Betancourt le ayudaría a recuperar imagen internacional. Pero dentro el país la mayoría apuesta por un periodo de sopor guerrillero, en espera de días mejores. Y Marulanda sin abrir boca.

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Justo cuando preparábamos esta entrada en El BB hemos oído la noticia de la muerte del guerrillero en marzo. Tal vez por eso no abría boca recientemente…


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