¡Oye! ¡Pareces un relámpago sobre la Tierra!

Según la metáfora de mi padre, yo había sido como un relámpago hasta el pasado viernes. Este día le llamé desde muy lejos; no había tenido ocasión hasta ese momento.

Antes del viaje había disfrutado de tres semanas laboriosas preparando trabajos y charlas. El cansancio del viaje (muchos miles de km en pocos días) hizo que le telefoneara apenas llegué al trabajo, el jueves por la noche, convencido de qué también allí eran las 10 de la noche. ¡Lo saqué de la cama a las 12! (¡Todavía no lo ha olvidado!).

24 horas más tarde llegaba al Aeropuerto Internacional de Ezeiza…

Fue emocionante sobrevolar la pampa argentina poco antes de aterrizar en Ezeiza. Los trámites de inmigración y de aduana fueron muy rápidos:
– ¿No tiene nada que declarar?
– No, nada…
– ¿Todo lo que trae lo lleva aquí, no? (Y el agente de la aduana se golpeó graciosamente el parietal con el dedo índice)
– Sí, claro…

En primera línea, entre la multitud que aguardaba a los recién llegados, y escudriñando a todos los pasajeros, estaban mis amigos, un poco más al descubierto entre la gente.

Tomamos un café con leche y las primeras medias lunas (algo que iba a repetirse muchas veces durante mi estancia en la Argentina).

Publicado el 23 May, 2008
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