Algunas ideas para discutir aquí… ¿Qué opinan?

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Internet, móviles, videojuegos… importantes en el proceso de socialización.
Teléfono móvil: catalizador de cambios conductuales.

Ámbito profesional: útil e imprescindible. Confusión de ámbitos personal y profesional.

Ámbito individual: fobia a estar localizado/controlado.

Relaciones interpersonales: invasión de la intimidad – “estar localizable”. Nuevo lenguaje contraído, telegráfico.

Adolescentes: principales usuarios (cada vez más tiempo y recursos económicos).

¿Por qué el éxito del móvil entre adolescentes?
a) “Ritual de paso” (como reloj o pluma en la 1ª comunión): objeto de iniciación a la adolescencia.
b) “Hermandad virtual”: fraternidad entre jóvenes (compartir sentimientos, emociones, y pensamientos).

Jóvenes: móvil como actitud lúdica.
Mayores: móvil para organizarse y coordinarse.
Todos los usos provocan unos gastos importantes que asumen los padres 🙂

El móvil interviene en la socialización: define la identidad del adolescente individualmente (personalizar el aparato: colores, tonos), colectivamente (lenguaje especial, sms y llamadas perdidas).
El móvil actúa de barrera de seguridad frente a los padres.

2 razones por las que los padres compran un móvil a sus hijos: control y asegurar una unión con ellos.

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Para leer mas: la influencia del teléfono móvil y psicología

La sociedad actual se establece en un mundo cambiante, en una época de transformaciones y en un periodo de transición a la adaptación de la sociedad a las tecnologías. Internet, móviles y videojuegos ocupan un espacio importante en el proceso de socialización, influyendo en comportamientos y actitudes (Levis, 2002); en consecuencia la psicología, como ciencia y como practica profesional no puede permanecer ajena a esta transformación (Saldaña, 2001).

El teléfono móvil como catalizador de cambios conductuales

* En ámbitos profesionales, el móvil se ha convertido en instrumento habitual y es aquí donde especialmente ha recorrido el camino desde lo útil a lo imprescindible. Los principales “beneficios” obtenidos en estos ámbitos han sido la ampliación de posibilidades, rapidez en las gestiones, inmediatez de los contactos y ruptura de determinadas barreras. Pero ha acarreado algunos problemas, como la confusión de los ámbitos personal y profesional y la prolongación abusiva de la jornada laboral si no se sabe, no se quiere, o no se puede desconectar de ella.

* En el ámbito individual, el móvil aparece como soporte especialmente adaptable a las condiciones y características del individuo según los usos, funciones y situaciones. En su especial carácter personalizante se distingue el móvil de otros soportes. Pero todavía persisten ambigüedades a la hora de estimar aspectos como la privacidad/intimidad, en los aprendizajes para acostumbrarse a su uso, o en aspectos vinculados a la generación de estrés y a posibles “fantasmas sociales” siempre recurrentes, como la fobia a estar localizado/controlado, como conducta reactiva de carácter defensivo.

* En las relaciones interpersonales, los principales cambios tienen que ver con la invasión de la intimidad y la mezcla ya comentada de vida “privada” y laboral. Parece haberse introducido así el elemento virtual de “estar localizable”. El uso del móvil, entre adolescentes y jóvenes, está generando además un nuevo tipo de lenguaje contraído, telegráfico, corto o recortado, de manera análoga a lo que ya se sabe que ha provocado el correo electrónico.

Los adolescentes se han convertido en los principales usuarios de los diferentes servicios que ofrece la telefonía móvil a los que dedican cada vez más tiempo y recursos económicos. Para esta generación, los teléfonos móviles son objetos que siempre han existido, hecho que les convierte en expertos para poder elegir el medio, lugar y el momento en que hace falta utilizar el móvil.

Encontramos dos explicaciones sociológicas sobre el éxito del móvil entre los adolescentes. Por un lado, Ling (2002) lanza un concepto enormemente fértil, en el que la adquisición del teléfono móvil se considera un “ritual de paso”, al igual que el reloj o la pluma en la primera comunión, el móvil puede ser un objeto de iniciación a la adolescencia. Por el otro, Forutnati y Manganelli (2002) hablan de “hermandad virtual”, fenómeno entendido como el sentimiento de fraternidad que surge entre jóvenes por compartir sentimientos, emociones, y pensamientos.

Mientras los más jóvenes ven el móvil como consola de juegos y adoptan, ante él, una actitud lúdica (Oksman y Rautiainen, 2002), los mayores utilizan el móvil para organizarse y coordinarse (O’Keefe y Sulanowski, 1995). Todos los usos provocan unos gastos importantes que asumen, en parte o totalmente, los padres.

El teléfono móvil tiene varios significados en la vida de los adolescentes. Por un lado, el móvil constituye una parte natural e importante de su cotidianeidad y lo utilizan como medio para organizar las actividades de la vida diaria, también se ha convertido en un medio para construir un vinculo social y para definir el propio espacio de cada cual en relación con los otros (Oksman y Rautianienen, 2002). Por otro, el móvil interviene significativamente en la socialización porque permite definir la identidad del adolescente tanto individualmente, a base de personalizar el aparato de varias formas, colores, tonos, etc., como colectivamente creando un lenguaje especial de grupo, mensajes de texto y llamadas perdidas. El móvil se utiliza predominantemente para establecer contactos a corta distancia. Así mismo, el móvil actúa de barrera de seguridad frente a los padres desde el momento en que estos no pueden acceder a su teléfono personal (Lorente, 2002). Paralelamente, hay dos razones por las cuales los padres comprarían un móvil a sus hijos, la primera es la necesidad de control y la segunda asegurar una unión con ellos (Kamibeppu y Siugiura, 2005).

Según Sánchez-Carbonell y cols. las razones por las cuales el móvil es tan atractivo para el adolescente son variadas: a) tipología de la comunicación que permite el contacto continuo e inmediato con la red de relaciones sociales y expandirla, b) tiempo y privacidad porque el móvil es atemporal, este hecho permite conectarse con rapidez a cualquier hora del día o de la noche, así como “escapar” del control paterno; c) identidad personal ya que el grado de personalización que permite el móvil facilita el proceso de adquisición de la identidad personal; d) socialización en tanto que el móvil fomenta el proceso de emancipación de los padres y entre los adolescentes es un símbolo de estatus social; e) instrumentalidad referida al uso del aparato como despertador, reloj de bolsillo, grabadora, agenda, plataforma de juegos o radio.

Por último, el teléfono móvil no es sólo un dispositivo técnico, sino que también es un objeto personal y social sometido, como ningún otro, a las influencias de la moda y, a esta edad- tan determinante de la identidad individual y grupal – se ha convertido en una auténtica revolución social.

LING, R. (2002). Chicas adolescentes y jóvenes adultos varones: dos subculturas del teléfono móvil. Estudios de Juventud, 57, 33-46.

LORENTE, S. (2002). Juventud y teléfonos móviles: algo más que una moda. Estudios de Juventud, 57, 9-24.

MUÑOZ-RIVAS, M. J. y AGUSTÍN, S. (2005). La adicción al teléfono móvil. Psicología Conductual, 13, 481-493.

CASTELLS, M. (1997): La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Madrid: Alianza Editorial.

FONTELA, E. (1999): La telefonía móvil en España. Efectos económicos de una innovación. Madrid: Fundación Airtel.


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